¿EN VERDAD SOY CRISTIANO?

Updated: Sep 7, 2019


¿En verdad soy cristiano? A menudo esta pregunta acosa las mentes y los corazones de muchos creyentes que dudan acerca de la genuinidad de su profesión. Sin duda, la Palabra de Dios nos exhorta de la siguiente manera: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (1 Corintios 13:5ª). Sin embargo, con demasiada frecuencia lo que debería ser una examinación introspectiva en oración al Padre se convierte en una acusación vehemente de parte de nuestra conciencia que, inevitablemente, conduce al valle obscuro de la duda. Por la gracia de Dios, hay una epístola en el Nuevo Testamento que fue escrita para alumbrarnos en esta área tan delicada. En la primera carta de Juan encontramos lo siguiente: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Jn. 5:13, énfasis añadido). A continuación, les comparto siete marcas de un verdadero creyente que encontramos en esta preciosa epístola.


1. fe y confesion (1 Juan 2:23; 4:15-16; 5:1-4, 10-13)

En primer lugar, todo aquel que es una nueva criatura en Cristo Jesús no solamente cree que Él es el Hijo de Dios, sino que lo confiesa públicamente como su Señor y suficiente Salvador. En Romanos 10:9 el apóstol Pablo escribe “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” El cristiano verdadero ha removido su confianza de sí mismo y la ha colocado en Jesús. Además, esta fe en Jesucristo va madurando hasta desarrollarse y cimentarse en una cristología enteramente bíblica (1 Jn. 4:1-6).

2. selladO Y HABITADO

POR EL ESPIRITU SANTO

(1 Juan 3:24; 4:13)

En segundo lugar, todo aquel que verdaderamente ha creído en el Hijo de Dios ha sido “sellado con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:13-14). Su cuerpo es ahora templo del Espíritu de Dios (1 Co. 6:19; 2 Co. 6:16-18). “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Ro. 8:16). Por tanto, “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro. 8:9b).


3. ANDA EN LA LUZ

(1 Juan 1:5-7)

En tercer lugar, todo aquel que es habitado por el Espíritu de Dios anda en la luz. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios” (Ro. 8:14). Por cuanto se han arrepentido de sus pecados, los verdaderos hijos de Dios ya no participan en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien las reprenden (Ef. 5:11). Aunque antes andaban en ellas, por cuanto han nacido de nuevo, han “sido lavados, ya [han] sido santificados, ya [han] sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Co. 6:11).


4. ABORRECE AL MUNDO

(1 Juan 2:15-17)

En cuarto lugar, todo aquel que anda en la luz aborrece las cosas del mundo, “porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Jn. 2:16). Ya que ha sido iluminado con la verdad, sus afectos han cambiado, sus valores han sido reorganizados y ubicados en el lugar que les corresponde. Por tanto, el cristiano verdadero entiende que la amistad del mundo es enemistad contra Dios. “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4). De manera que las cosas que antes le causaban placer cuando andaba en tinieblas, ahora le resultan vergonzosas (Ef. 5:12).


5. NO PRACTICA EL PECADO,

SINO QUE PRACTICA LA JUSTICIA

(1 Juan 2:29; 3:7-9; 5:18)

En quinto lugar, todo aquel que aborrece las cosas del mundo no practica el pecado, sino que hace justicia. ¿Quiere decir esto que los cristianos verdaderos ya no pecan? En ninguna manera. La palabra clave es “practicar.” En otras palabras, el que hace del pecado su práctica habitual. En tal caso, demuestra con sus pensamientos, palabras y acciones que aún no ha nacido de nuevo. “Porque si pecaremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Heb. 10:26-27). Por tanto, los cristianos verdaderos se caracterizan por la justicia. Porque la fe sin obras es muerta (Stg. 2:14-26).


6. GUARDA SUS MANDAMIENTOS

(1 Juan 2:3-5)

En sexto lugar, todo aquel que practica la justicia guarda los mandamientos de Dios. “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos” (1 Jn. 2:3). Además, guardar los mandamientos de Dios no resulta ser una carga para el cristiano genuino. “Pues este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Jn. 5:3). Su amor por Dios lo mueve a querer agradarle y hacer su voluntad en todo. Por tanto, puede decir juntamente con el salmista, “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es mi meditación.” (Sal. 119:97).


7. AMA A DIOS Y A SU PROJIMO

(1 Juan 2:9-11; 3:14-18; 4:7-21)

Por último, todo aquel que guarda sus mandamientos guardará los dos mandamientos principales: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mt. 22:37-40). Si amamos a Dios, también amaremos a quienes han sido creados a su imagen, conforme a su semejanza. Este es un amor diferente al que el mundo ofrece (Mt. 5:43-47). Es una calidad de amor que refleja el amor con el que hemos sido amados por Dios. Así que, todo verdadero cristiano es caracterizado por el amor.


Aquí tienes una lista de siete marcas de todo cristiano verdadero. No es una lista exhaustiva, pero considero que será de ayuda para darte la afirmación y seguridad que solamente se encuentran en Cristo Jesús. “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” (Jud. 24-25).


Es mi oración que este recurso estimule tus afectos por la Palabra de Dios, sea de edificación para tu alma, te ancle en el conocimiento de la verdad y redunde en tu crecimiento espiritual. Hasta el próximo miércoles.


En Cristo,

Winston Williams

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