ENFRENTANDO EL RECHAZO



Antes de ascender al Padre, la comisión de Jesús para sus discípulos fue clara: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:18-20). Los discípulos del Señor hemos estado cumpliendo esta comisión hasta el día de hoy. “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Ro. 10:15). El fruto de nuestra labor ha sido una iglesia que el Señor ha ido edificando a través de los siglos (Mt. 16:18). Sin embargo, esta no ha sido una tarea libre de oposición o resistencia. En ocasiones, cuando anunciamos las buenas nuevas a alguien, en lugar de recibirlas con brazos abiertos, lo que experimentamos es un rechazo abierto y sin disculpas. ¿Cómo manejamos esta situación? A continuación te compartimos cuatro pensamientos bíblicos que te ayudarán tanto a comprender mejor el rechazo como a enfrentarlo piadosamente.


Jesús fue rechazado


El apóstol Juan nos dice en su evangelio: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn. 1:11). Cuando el Salvador vino al mundo, Él no fue recibido con bombos y platillos. Más allá de no haber lugar para El en el mesón (Lc. 2:7), Lucas nos dice que ya siendo adulto, después de anunciar que las profecías contenidas en el rollo de Isaías se estaban cumpliendo en El, “le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle (Lc. 4:29). Inclusive, algunos líderes religiosos atribuyeron el poder que operaba en Jesús al “príncipe de los demonios” (Mt. 12:24). El rechazo final vino cuando pidieron que un asesino, ladrón e insurrecto llamado Barrabás fuese puesto en libertad y que Jesús fuera crucificado (Jn. 18:39-40). De manera que si el mundo rechazó a Jesús, ¿por qué habríamos sus discípulos de esperar un trato diferente?


El rechazo es parte de la vida del discípulo


Jesús le dice a sus discípulos en Mateo 10:24-25: “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” Ante la realidad del corazón endurecido de las personas incrédulas, lo más probable para el creyente es que al anunciar el evangelio enfrentará oposición. Esta resistencia es sobre todas las cosas de carácter espiritual (2 Co. 10:3-5; Ef. 6:12). En ocasiones, la oposición es tan fuerte que hasta la vida misma del discípulo corre peligro. Aunque debemos evitar caer en la trampa de tentar a Dios, Jesús nos dice: “no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mt. 10:28). Nuestro temor no debe ser hacia los hombres, sino hacia Dios. Ya que el rechazo es parte de la vida del creyente, cuando lo enfrentamos, debemos gozarnos en que estamos siendo conformados a la imagen de nuestro Maestro y Señor.


El rechazo no es hacia ti


En Mateo 10:40 Jesús agrega: “El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.” Por lógica, lo mismo aplica a la inversa: “El que a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.” De hecho, Jesús le dijo a sus discípulos la noche en que fue entregado: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (Jn. 15:18). Es natural sentir tristeza cuando el mundo nos aborrece o rechaza. Pero recuerda, ultimadamente ese rechazo no está dirigido hacia tu persona. El mundo no te está rechazando a ti. Por tanto, no debe ser esta la causa de tu tristeza. En cambio, ¡que tu tristeza sea el producto de la gran necesidad que las personas tienen de encontrar al Salvador de sus almas! De esa manera, en lugar de que el rechazo te desmotive, desanime o deprima, servirá como combustible para que continúes proclamando con mayor vehemencia las buenas nuevas del evangelio.


Cómo enfrentar el rechazo


En Mateo 10:16 Jesús nos exhorta con las siguientes palabras: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” Al cumplir con la gran comisión que nuestro Señor nos ha dejado, debemos movernos con la astucia de una serpiente pero también con la mansedumbre de una paloma. Si estás compartiendo el evangelio con regularidad, sin duda enfrentarás oposición en algún momento dado. En ese momento, recuerda las palabras de nuestro Maestro en Mateo 10:16. Que tus pensamientos, palabras y acciones sean prudentes y sencillas. No permitas que tu testimonio se manche por una reacción carnal. Si lo haces, trillarás el terreno que con tanto esmero has trabajado en arar.


Es nuestra oración que este recurso estimule tus afectos por la Palabra de Dios, sea de edificación para tu alma, te ancle en el conocimiento de la verdad y redunde en tu crecimiento espiritual.


¡Que Dios te bendiga!