LA BATALLA POR LA DEPENDENCIA

Updated: Sep 7, 2019


Estados Unidos es un país en el que se celebra la independencia. No me refiero al cuatro de julio cuando se celebra la independencia nacional sino a la independencia a nivel personal. Desde muy temprano a los adolescentes se les pinta un cuadro hermoso y florido de la “independencia.” De hecho que el objetivo principal de la mayoría de los padres es guiar a sus hijos de la dependencia absoluta hacia la independencia total. Inclusive, algunas personas consideran la “independencia financiera” como la gran meta de sus vidas. Los occidentales valoramos, buscamos y defendemos la independencia.


Pero quisiera argumentar que el deseo de independencia no siempre es saludable. Esto es verdad particularmente en el área espiritual. Nuestro gran Dios y Padre desea que sus hijos vivan una vida de total dependencia en Él. Esto es lo que significa caminar por fe. La manera en la que nos expresamos refleja cuánto dependemos de Dios. Santiago escribe en su epístola: “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana” (Santiago 4:12-14ª). A las personas se les hace más fácil andar por vista que caminar por fe. Hacen planes confiados en quienes son y con sus ojos puestos en lo que poseen. Caminar por fe es más difícil porque no se trata de quienes somos ni de lo que poseemos, sino a quien hemos creído. A decir verdad, caminar por fe es una manera de vivir por la cual los hijos de Dios deben batallar sin desmayar.


Cuando las cosas están bajo control es fácil afirmar que andamos por fe. Pero es cuando las cosas se encuentran fuera de nuestro alcance que dicha afirmación es puesta a prueba. Con frecuencia, nuestra dependencia de Dios es probada en el área de las finanzas. Cuando tanto nuestro presente como nuestro futuro económico son inciertos tendemos a dudar. Apartamos nuestra mirada cual Pedro, nos desenfocamos del Señor y comenzamos a hundirnos en un mar de ansiedad. Al igual que en el Edén, el enemigo se acerca a nosotros y nos susurra: “¿Con que Dios te dijo que buscaras primeramente su reino y su justicia y que todas las demás cosas las recibirías por añadidura? ¡No puedes ser tan ingenuo y creer que eso sea verdad!” De ahí en adelante es cuestión de tiempo antes de que empecemos a cuestionar cada una de las promesas de Dios.


Por esa razón, la dependencia en Dios es una batalla espiritual. Es una guerra que debemos librar a diario. Para ganar debemos ser violentos (Mateo 11:12), porque la victoria demandará todo de nosotros. Es una lucha intensa que solamente se puede pelear de rodillas. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6). Puedes estar confiado en que Dios contesta nuestras oraciones. Y cuando lo hace, nuestra fe es fortalecida y su Nombre es glorificado. Esto nos conduce a una mayor dependencia en Él. Esto es verdad no solamente para los héroes de la fe que encontramos en las Escrituras, sino también para nosotros, los que hemos guardado el depósito que ellos nos han entregado (2 Timoteo 1:14) y hemos seguido su ejemplo. “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8). Aunque el futuro de Abraham era desconocido para él, eso era un hecho secundario porque él caminaba por fe y sabía quién lo había llamado.


Así es que Dios no quiere hijos “independientes.” “Porque, ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberías decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:14b-15). Nuestras vidas están en las manos de Dios. Dependemos completa y únicamente de Él. Si confesamos esta nuestra debilidad, entonces su poder reposará sobre nosotros. De manera que la próxima vez que ya sea tu presente o tu futuro se vean inciertos, recuerda a quien has creído. Él no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? (Números 23:19). Si Él dijo: “Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas” (Lucas 12:31), puedes estar confiado que en verdad serán añadidas. Esta ha sido mi experiencia y sin duda la de muchos a tu alrededor. ¡A pelear por nuestra dependencia!


Es mi oración que este recurso estimule tus afectos por la Palabra de Dios, sea de edificación para tu alma, te ancle en el conocimiento de la verdad y redunde en tu crecimiento espiritual. Hasta la próxima.


En Cristo,


Winston Williams

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