¿TENGO UNA RELACION CON DIOS?

Updated: Sep 7, 2019


Eres un hijo de Dios. La Biblia así lo declara: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo” (2 Co. 5:17-18ª). “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12). “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Ro. 8:16). Eres un hijo de Dios. Has sido reconciliado con Él. Esto significa que ahora gozas de una relación personal con el Padre. Pero, ¿alguna vez te has sentido de la siguiente manera?

“¿Por qué estás lejos, oh Jehová? Dios mío, clamo de día, y no respondes; y de noche, y no hay para mi reposo. ¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?”

¿Alguna vez te has sentido así? No estás solo. De hecho, que cada expresión en el párrafo anterior aparece en el libro de los salmos (Sal. 10:1ª; 22:2; 13:1). David, quien disfrutó de una relación íntima con Dios, en ocasiones se sintió tal como tú. Sin duda, el pecado no confesado afecta nuestra relación con el Padre (Ef. 4:30). Pero aparte del pecado, debido a la naturaleza espiritual de nuestra relación con Dios, muchas personas se sienten como si su relación con Él no fuese más que una simple ilusión. Permítanme explicar.


nuestra relacion con dios es espiritualLas relaciones interpersonales de los seres humanos se pueden experimentar a través de los sentidos: podemos ver, escuchar, oler y tocar a las personas con quienes nos relacionamos. Esto hace que nuestras relaciones se sientan reales y personales. Cuando se cultivan, estas relaciones pueden alcanzar niveles profundos de intimidad. Por otro lado, algunos piensan que nuestra relación con Dios no puede ser experimentada con nuestros sentidos. De manera que nuestra relación con Dios es, hasta cierto punto, singular.

Dios es espíritu (Jn. 4:24ª). Esta es la definición tradicional de la naturaleza de Dios. De acuerdo a Colosenses 1:15, su naturaleza espiritual lo hace invisible a nuestros ojos. Nadie le ha visto jamás (Jn. 1:18). Por tanto, al hacerse carne en la persona de Jesucristo, el mundo tuvo la oportunidad de contemplar Su gloria velada (Jn. 1:14, 18; Col. 1:15; Heb. 1:3). Por esa razón, testigos oculares de esta acontecimiento histórico pudieron escribir: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de Vida” (1 Jn. 1:1). Pero, para algunos, este fue un evento tan lejano en el tiempo y el espacio que es imposible palparlo con nuestros sentidos. Pero, ¿es esto verdad? Veamos.


contemplando a dios

“Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Sal. 27:4). Evidentemente, el salmista no contemplaba el espíritu de Dios con sus ojos físicos. Pero, al inquirir en su templo, aprender de Dios cada día y conocerle mejor, contemplaba Su gloria y majestad cada vez más. De igual manera, siempre que abrimos la Palabra de Dios es una oportunidad para contemplar Su hermosura. Es el conocimiento del Altísimo lo que condujo a Job a exclamar: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven (Job 42:5). Cuando nos congregamos para escuchar la exposición de las Escrituras; cuando tenemos nuestros tiempos de devoción personal en Su Palabra; cuando reunimos a nuestros seres queridos para el culto familiar, nuestros ojos le ven.


ESCUCHANDO A DIOS

Innumerables son las veces que mientras oro al Padre acerca de algún asunto en particular, el Espíritu de Dios trae ideas y soluciones a mi corazón que de otra manera jamás se me hubieran ocurrido. Como en todo, el único que merece la gloria y la honra es el Dios Soberano. Lo cierto es que la oración es un dialogo. Aunque parezca lo contrario, el testimonio de las Escrituras y de los santos a lo largo de la historia de la iglesia es que Dios nos habla mediante la oración.

Pablo dice, “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:6-7). ¿Acaso esta paz no es la que Dios nos da en respuesta a nuestra confianza en Él expresada en nuestras oraciones?

En otra parte, el apóstol pide lo siguiente: oren “por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio” (Ef. 6:19). Y otra vez: oren “por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar” (Col. 4:3-4). ¿Acaso la palabra que se le daría a Pablo y las puertas que se le abrirían no serían la respuesta de Dios a las oraciones de Su iglesia? Podemos tener la certeza que cuando los creyentes oramos, Dios siempre nos responde conforme a su voluntad.


¿Y QUE DEL OLFATO Y EL TACTO?

“Más a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Co. 2:14). Si podemos ver y escuchar a Dios, también podemos palpar y oler el aroma agradable de su obra santificadora en las vidas de las personas. Es un olor grato que nos habla de su santidad, amor y gracia sublime.

Dios es inmanente; Él está cerca (Fil. 4:5). Desde el principio, su deseo ha sido que los seres humanos tengamos comunión cercana con Él. A tal punto que “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:7-8). Nuestra reconciliación es más que una simple ilusión. Es una relación real. Podemos cultivar nuestra relación con Él de manera tal que día a día alcance niveles aún más profundos de intimidad. “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mt. 13:9).


Es mi oración que este recurso estimule tus afectos por la Palabra de Dios, sea de edificación para tu alma, te ancle en el conocimiento de la verdad y redunde en tu crecimiento espiritual. Hasta el próximo miércoles.


En Cristo,

Winston Williams

Iglesia Biblica Vida Real.

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